10 julio 2008

¿PARA QUÉ ESTUDIO?, ¿PARA QUÉ ENSEÑO?

 ¿PARA QUÉ ESTUDIO?, ¿PARA QUÉ ENSEÑO?


Pasar de lo anecdótico al empoderamiento resulta complicado y requiere, ciertamente, un trabajo del otro lado de la pantalla.

Lo primero que creo que todo individuo debe hacer frente a la educación es preguntarse ¿Para qué?

La educación se ha tomado de una manera muy intuitiva. Enseñar se convirtió en contarle algo que se a alguien que sabe menos. Aprender es ahora llegar a saber algo que otro sabe. La educación se ha convertido en un rio que fluye por si mismo, sin sentido, sin un fin concreto y todos, en medio del letargo, fluimos sin saber a donde queremos llegar.

Lo primero que se debe hacer para despertar de ese letargo y llevar a la educación a otro nivel es preguntarse : ¿Para qué?, ¿Para qué estoy aprendiendo?, ¿Cuál es el fin de estudiar?, ¿Cual es mi plan de vida y cómo encaja la educación en él?; ¿Para qué estoy enseñando?, ¿Qué pretendo lograr con la materia que enseño?, ¿Qué espero hacer yo en la vida de mis estudiantes?, ¿Aportarles algo o simplemente contarles algo que seguro no les ayude con su vida?, ¿Para qué enseño, para qué aprendo?

Sólo hay una forma de cambiar la sociedad en la que vivimos y es por via de la educación; pero con la educación letárgica la sociedad seguirá igual: precipitándose entre la injusticia y la violencia hacia la extinción... Depertar es muy simple, es todo cuestión de empezar a preguntarse: ¿Para qué hago lo que hago?... una vez tengamos clara la respuesta a esa pregunta, se habrá empezado a recorrer el camino, de lo contrario, seguiremos fluyendo y la vida se nos irá así: llegaremos al final sin darnos cuenta, fluyendo como asnos y cuando el tiempo se nos acabe, la pregunta resurgirá pero para ese entonces ya de nada servirá responder... ¿Para que aprendí?, ¿Para que enseñé?, ¿Para qué viví?...  

Hoy, si en algo logro despertar su curiosidad, espero que cuando busquen la respuesta a esas preguntas no tomen como único referente a su yo... piensen en la sociedad, piensen más allá del individuo, del ser humano, más allá de unas metas personales, piensen colectivamente, en el bien general y no en el particular.

¿Para que hago lo que hago? Personalmente yo lo hago porque creo que el ser humano puede ser más humano y menos ser a través de una educación para el cambio... a eso le apuesto yo... ¿y Usted?, ¿Para que educa?, ¿Para qué aprende?, ¿Para que hace lo que hace?, ¿Para que está viviendo?...

06 marzo 2008

Coalición Académica por la Paz

COALICIÓN ACADÉMICA POR LA PAZ

Paz1
Ecuador Colombia Venezuela

¿Cuál es la posición de la academia frente a la crisis de fronteras?, ¿Qué estan haciendo los académicos por evitar un conflicto?, ¿Qué puede hacer la educación por el futuro de estas tres naciones?

Es sin duda un momento difícil para todos los habitantes de estas patrias hermanas y es imperativo que cada quien, en silencio, reflexione cuidadosamente sobre todos los puntos de vista, el propio y el del otro, es decir: el de Ecuador y el del ecuatoriano, el de Colombia y el del colombiano, y el de Venezuela y el del venezolano. Cada uno debe situarse en las tres posiciones para entender y comprender la situación. Una reflexión profunda, sensata y que definitivamente no debe llevar a que los habitantes de uno u otro país se victimicen, finalmente los tres gobiernos, de una u otra forma, han sido tanto agresores como agredidos (ojo: los gobiernos y no los habitantes de estas patrias).

Los riesgos y peligros de la situación actual son evidentes y la historia ya empezó a temer y a lamentarse, y sin duda alguna, la historia se siente defraudada por el papel que ha jugado la academia en este momento de crisis: el silencio del pueblo le permite a los mandatarios hacer y deshacer lo que quieran con sus paises.

¿Cuál es entonces el papel que deben desempeñar los académicos? la respuesta es sencilla: deben hacer algo para que esta situación se solvente, y ese algo es lo mismo que debe hacer todo el pueblo: expresarse, hondear una única bandera, la bandera de la paz. El pueblo debe hacerse sentir de forma tal que los mandatarios se sientan obligados a sentarse en una misma mesa para buscar una solución a través del diálogo, pues esa es la voluntad del pueblo ecuatoriano, colombiano y venezolano: buscar la paz en la región.

Pero la academia tiene una responsabilidad mayor, pues debe hacer uso del intelectualismo del que tantas veces se ha vanagloreado para tomar el liderazgo en este proceso en busca de soluciones pacíficas. Todos: estudiantes, representantes estudiantiles, profesores, decanos, rectores, deben sumar fuerzas para formar una coalición trinacional en pro de la paz. La academia debe guiar al pueblo ecuatoriano, colombiano y venezolano, para que grite conjuntamente su voluntad: ¡queremos paz!

Es momento de actuar y dejar a un lado la bandera patria para vestir una que está por encima de ésta: la bandera blanca, la bandera que une a los tres paises, a los tres pueblos, a los tres hermanos. Unamos fuerzas para buscar una solución a través del diálogo.

La academia tiene un compromiso con la historia, es tiempo de aceptarlo y cumplirle a la sociedad.
Empecemos a trabajar en una Coalición Académica trinacional (o internacional) por la paz.

25 febrero 2008

La Necesidad de una Cultura de Evaluación

"La Necesidad de una Cultura de Evaluación" 

Examen 

Generalmente cuando se habla de evaluar la educación, todos los involucrados se muestran reacios a este acto, pues se suele asociar a la evaluación con una calificación, con una dicotomía entre hacer las cosas bien y hacerlas mal. La palabra evaluar es para el estudiante una nota, para el profesor un atropello a su forma de hacer las cosas y para el administrador algo impensable o tal vez una oportunidad para demostrar cuan bien están las cosas que él dirige.

Pero la evaluación es ciertamente algo más: es el único medio que tenemos para tomar decisiones sobre la educación. Desafortunadamente todos los que tenemos alguna participación en la educación tenemos un concepto muy pobre de ella. Esto se ve reflejado en que casi todas las decisiones que se toman en materia académica en un colegio, en una Universidad o, incluso, que toma el mismo Ministerio de Educación, se basan casi exclusivamente en los resultados de pruebas estandarizadas (en Colombia las pruebas SABER, ICFES y ECAES). Es necesario crear una cultura real de evaluación al interior de las instituciones educativas para poder tomar decisiones informadas y con criterios reales.

Pero la evaluación es más que dar una nota o "rellenar las bolitas" de una encuesta en un momento puntual; es un ejercicio mucho más profundo que se debe desarrollar constantemente, clase a clase, día a día. Es una recolección de información detallada para mejorar la educación. Un profesor que le pregunta a sus estudiantes que tal le parecen los métodos de enseñanza que él utiliza, qué tan adecuadas son las oportunidades de aprendizaje de sus clases, qué tal hace las cosas. Un estudiante que le pregunta a su profesor en qué puedo mejorar, qué debo hacer para comprender mejor, qué tengo que hacer para llegar a ser un buen profesional. Un administrador que le pregunta a todo su personal (profesores y estudiantes) cómo podemos hacer de la educación que impartimos la mejor.

Pero para llegar a esta, hasta hoy, utopía, es claro que debe existir una cultura donde la evaluación no sea sinónimo de algo negativo, donde no se asocie con perder una materia o tal vez el trabajo. Por el contrario, la evaluación debe ser entendida como una oprtunidad para mejorar y hacer la cosas cada vez mejor. Por esta razón, deberíamos alegrarnos al ver evaluaciones con resultados que muestran también las cosas que están mal.

Lo más triste de todo es que la ignorancia sobre la profundidad de la evaluación, nos hace diseñar modelos de evaluación para mostrar que las cosas están bien: si ustedes miran los informes de gestión de cualquier profesional, verán que sólo se muestra lo positivo, no hay ni una sola oportunidad de mejorar.

Pero, ¿por qué ese afán de mostrar que se hacen las cosas bien? Es evidente que la evaluación tiene unas implicaciones políticas importantes: a ningún rector le gustaría mostrar que los estudiantes bajo su mandato no estuvieron contentos con las clases que recibieron, por el contrario les gustaría mostrar que todos los profesores llegaron a tiempo, le entregaron un programa a sus estudiantes y que se cumplieron todas las clases. Es por eso que se evalúa lo que no tiene sentido evaluar, lo que no da información suficiente para tomar decisiones.

Es necesario que cambiemos de actitud frente a la evaluación, que entendamos la evaluación como un mecanimso de detectar las cosas que se pueden mejorar y que siendo así, diseñemos evaluaciones dirigidas a este objetivo. Sólo dándole el verdadero sentido a la evaluación podremos crear un cambio educativo. Evaluar no es malo, por el contrario, evaluar es el camino para no seguir haciendo las cosas mal.

Debemos empezar a generar una cultura de evaluación. Los invito a que empecemos, ética y objetivamente, a evaluar la educación.

08 febrero 2008

Sobre la Disciplina

SOBRE LA DISCIPLINA

 Disciplina

En mi último Post comentaban que las clases tradicionales tenían como un aspecto positivo que promovían la disciplina.

Pero ¿qué es la disciplina?, ¿Acaso es sentarse en silencio durante horas enteras a oir hablar a un profesor?, ¿Eso genera disciplina?, ¿Si un estudiante logra mantenerse despierto en todas sus clases tradicionales, tratando de poner atención, se volverá una persona disciplinada?

Creo que el concepto de la disciplina va mucho más allá y requiere ciertamente entenderse para saber si realmente es deseable la disciplina como un objetivo educativo. Veamos lo que significa la disciplina: la Real Academia Española la define como la acción y el efecto de disciplinar, y esta acción a su vez la define como:
  1. Instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones [aleccionándolo].
  2. Azotar, dar disciplinazos por mortificación o por castigo.
  3. Imponer, hacer guardar la disciplina (observancia de las leyes).
Creo que en ese sentido, las clases tradicionales si fomentan la disciplina, pero no creo que disciplinar sea algo que la educación debe buscar. No comparto que la 1 o 2 definición sean un ideal pedagógico y en cuanto a la 3 definición, hacer guardar la disciplina (obviando lo de imponer), estoy seguro que esa observancia de las leyes puede ser fomentada desde un amor y respeto hacia la ley, desde una comprensión profunda del por qué respetar las leyes más que de una imposición.

La disciplina entendida como un respeto hacia las leyes es necesaria, pero no enseñada de una forma impuesta y obligada cual prueba de resistencia: mantenerse despierto, en silencio y atento. La disciplina debe ser estimulada desde la comprensión de su importancia: que mejor ilustración para entender la disciplina que el imperativo categórico (palabras más, palabra menos: si todos hiciesen lo que yo hago, estaría bien: ¿si yo hablo y todos hablan estaría bien?).

Las clases tradicionales disciplinan (y debe ser por eso que tantos, pese a su educación, no respetan la ley), otro tipos de clases de las que hablaré en otra oprtunidad, estimulan la comprensión de la disciplina y desde allí hacen de la disciplina una cualidad de la persona, no una obligación.

Esto nos lleva a que en clase no se debe buscar disciplinar sino que se debe buscar que los estudiantes comprendan la disciplina a través de actividades como que ellos impongan las reglas de juego, a través de dilemas éticos, entre otros (lo mismo para los padres: no disciplinen, permitan y estimulen a sus hijos a comprender este concepto).

La próxima vez que se pase un semáforo en rojo no culpe a su educación tradicional, sino que piense en el imperativo categórico, al final decidirá si se lo pasa o no. Permitan que sus estudiantes puedan hacer ese razonamiento también, no los obliguen porque la disciplina si no se entiende y se impone, no tiene sentido.

24 enero 2008

5 Aspectos Favorables de las Clases Tradicionales

5 ASPECTOS FAVORABLES DE LAS CLASES TRADICIONALES

 Clase

Después de aproximarme levemente al papel de la política en la educación (tema que retomaré más adelante), me gustaría acercarme a un aspecto algo más elemental de la pedagogía: las clases tradicionales.
La clase tradicional, sin el ánimo de caricaturizar, es aquella que gira en torno al profesor. Tan sólo recordemos esa clase característica en el colegio o en la universidad, tipo magistral, donde el profesor nos llenaba la cabeza con información que algunos ávidamente copiaban en sus cuadernos, mientras otros dormían ante tal recital. Pero un momento... ¡no me desviaré!, este Post tiene otro fin más allá de criticar algo fácilmente criticable.

La doctora en Educación JM en una ocasión nos dejó un ejercicio en el cual debíamos defender la corriente tradicional, rescatar sus bondades, defenderla frente a otras corrientes antes de entrar a criticarla. Así que contendré mi crítica por el día de hoy y buscaré exaltar las bondades de las clases tradicionales. Ahora, siguiendo las enseñanzas de un maestro en blogs (hermes), haré una lista con 5 cosas que se suelen resaltar de las clases tradicionales, espero ustedes me ayuden a complementar esta corta lista harto cuestionable:
1. Permite cubrir una gran cantidad de tema.
2. Optimiza el tiempo.
3. Cientos de estudiantes pueden aprender al mismo tiempo.
4. Los estudiantes aprenden de un experto.
5. ¡Ha funcionado durante siglos!.
¿Difícil de creer?

En mis próximos Post, abordaré cada aspecto de esta lista y buscaré sustentar el por qué hoy en día es tan cuestionable el común y siempre utilizado modelo pedagógico tradicional.

Los invito a que resalten todo cuanto crean favorable de las clases magistrales para que lo examinemos más adelante.